Sin darme cuenta tuve una pequeña prueba.
El domingo 23 hubo elecciones de concejales en mi ciudad.
Estuve toda la semana pensando en no ir a votar. Tenía una postura de rebeldía porque me pareció muy caprichosa la medida de separar esta elección de las nacionales que hicimos el 28 de junio.
Además implicaba trasladarse 4 kilómetros y medio hasta la escuela donde siempre voto.
Pero como estuve muchas horas encerrado en mi departamento desde el sábado a la tarde, ese domingo necesitaba aire fresco, salir del encierro, abandonar mi buzo, las pantuflas y la camiseta de dormir. Esa sensación de paciente de terapia intensiva cinco estrellas que a veces me da, de tanto estar encerrado en mi departamento, me hace salir aunque sea para tomar oxígeno.
Así que me fui cerca de las 13 hs rumbo a la escuela.
A siete cuadras de ese colegio esta mi ex casa.
Cuando pasé con el auto por la avenida, en el cruce con la calle de mi ex casa, miré hacia la derecha para ver si había autos estacionados en la que fuera mi vereda.
Nadie. La casa parecía vacía. N estaría en el departamento de Gustavo y la nena estaría cuidando la casa.
Llegué al colegio. No había gente por suerte (casi un 50 % de ausentismo). Hago lo que vengo haciendo desde hace 10 años o mas, tome una boleta cualquiera, la rompí y la metí en el sobre. Luego a la cajita de cartón, y pegar la vuelta.
Al salir del colegio llamé desde mi celular a mi hija.
-¡Hola amor! ¿Estas despierta? ¿Qué tal si almorzamos juntos, te llevo a un patio de comidas?
-¡Uy Pa…estoy con mi novio!
-Bueno, paso a verlos un rato entonces...
Escucho voces del otro lado.
-¿Estas con mas gente? (pensando que serian los amigos de ella).
- Si, Pa, es Ma con Gustavo.
-Ah…están todos ahí..no pensé…como no ví los autos estacionados. (El novio de la nena tiene su auto también).
-Los autos están en el garage, pa. (Obvio que pasaron la noche juntos entonces).
-Ah, hija. Esta bien, te veo el martes entonces.
-Ok pa. Un beso
Mientras iba hacia el auto los imaginé a los cuatro, sentados frente a la mesa rectangular preparados para almorzar juntos, como una familia.
Dejé que la escena creciera en mi mente, sin temor. Ya en el auto, y frente al volante me quedé unos segundos que parecieron eternos imaginando hasta lo que estarían comiendo, el mantel puesto, el vino tinto sobre la mesa. El olor de la comida de N. Y para mi sorpresa no estaba sintiendo nada. No había celos, no había dolor, no había nostalgia.
O mejor dicho: si estaba sintiendo algo. Una sana envidia por ese momento feliz que yo todavía no puedo tener, pero que sin duda alguna, tendré otra vez con otra mujer
y mis hijos, o los hijos de ella.
Esbocé una sonrisa de incredulidad. Y me encontré riéndome frente al espejo retrovisor del auto por ese pequeño triunfo.
Puse el auto en marcha y volví a escuchar este tema que hacía meses que no escuchaba (haciendo un poco de diégesis, les dejo el reproductor de música por si quieren saber que era lo que estaba escuchando).
Y mientras la música invade el interior del auto, pienso….
Recuperar el hogar no es recuperar a la ex. Ni recuperar tus ladrillos, ni tus muebles, ni la alfombra donde descansabas tus pies al mirar la tv.
Recuperar el hogar es primero recuperarse a uno mismo, luego a los hijos y finalmente encontrar la nueva compañera que te acompañe hasta el final.
Tenía el temor de que la ruptura con S hiciera volver los fantasmas de mi duelo no cerrado con N. Que el “efecto S” desapareciera. Pero no, ahí estaba otra vez.
Sin duda S fue solo un trampolín. Una plataforma de despegue. Ahora que S no está,
el efecto persiste porque ahora me doy cuenta que no tenía nada que ver con S, sigue estando porque siempre tuvo que ver conmigo.
Todavía me falta. Quizás algún día no sienta la necesidad de pegarle un cabezazo en la nariz a Gustavo cuando me lo cruce, por ejemplo.
Ese sería el cierre perfecto, poder aceptarlo finalmente a él sin los rencores del pasado.
Pero...saben que?
creo que no falta mucho para eso.
EN MI CUARTO OSCURO
Hace 4 semanas
